Las fotografías de J. Pereira que podemos ver en la galería DF con el título Neg Otium nos muestran imágenes de una pre-historia moderna. Bajo la apariencia de un documento realista sobre un espacio en situación de abandono subyacen pre-historias, elementos de una cotidianidad encapsulada, vidas microscópicas. Los encuadres muestran escenas de un idilio vacacional clausurado, un viaje que parece indicar otro vector de desarrollo, una lógica subvertida. La literalidad sugerida por las inscripciones al margen (el formato digital RAW) subraya un carácter de cita con la imagen. Una cita encriptada que nos da una idea de escala científica y proporciona un soporte de abstracción.
Las caravanas, mientras decidimos desde donde observar su extraña faz, se han transmutado en juguetes rotos. Han pasado a representar otra cosa. La desilusión del control espacial en tiempo de ocio se muestra aquí como una aventura «fuera de campo». Creo que este «fuera de campo» como espacio de exclusión social es el aspecto que destaca en la serie de imágenes. Estas cápsulas vacacionales fuera de su trayectoria de interdependencia del capital se han convertido en precarias viviendas residuales, casi en espejismos capaces de subvertir el tiempo y la idea de progreso.
Después de haber ingerido su propio veneno sorprende ver que en este espacio se encuentre la germinación de otras permanencias habitacionales: un huerto, tabiques retranqueados, placas base dañadas de una realidad que vuelve a ser operativa, aunque tal vez solo por la activación del deseo imaginativo. En este sentido la cápsula habitacional anclada en un territorio agreste nos remite a la idea del Pharmakon.
Esta secuencia de imágenes más allá de la dualidad propuesta Neg Otium muestra la transmutación de un vestigio social obsoleto en otra forma de habitar emergente. Una forma de restauración para la que es preciso tomar una distancia. Alejarse de la imagen-síntoma mediante algún tipo de artificio. El retrato de este asentamiento tendería puentes entre vidas microscópicas. Según vemos en el «como se hizo» la zona de exclusión está en realidad (realidad? ) habitada. El fin del viaje nos descubre la existencia de unos improbables y tranquilos habitantes. Tal vez nunca se han movido de allí . Tal vez sean los verdaderos nómadas, verdaderos críticos del ocio